GALLEANDO

Juan Ortega, pese a todo

Por Manuel Viera
miércoles, 2 de septiembre de 2026 · 07:39

Parece cada vez más difícil encontrar en el ruedo toros que impresionen por trapío y, sobre todo, por bravura. Sucede todo tan mediocre y tan lejos de lo ansiado que, salvo escasas y extraordinarias excepciones, las tardes de toros en las ferias de agosto han sucedido entre la escasa presencia y el vacío de la casta, aunque con el exceso imperante de la rebuscada nobleza.

Es una pena que plaza como la de Almería acepte las birrias de animales lidiados la tarde del pasado viernes, pese a que la buena gente que llenaron tendidos y gradas encontraran placentero el toreo ejecutado por tres toreros artistas con demostradas calidades en sus respectivas tauromaquias.

Quizá valga poco detenerse en algo que produce tanta desazón e impotencia en el auténtico aficionado que, tan escaso, se encuentra entre la masa populista que abarrotan las plazas de toros. Ha menguado tanto la presencia de entendidos que, tan pocos, nada determinan. Es la concurrencia que abarrota quien con nula exigencia admite el atropello. Ilógico panorama para tres toreros diferenciales deseosos de mostrar su arte. Toreros imprescindibles de la emoción, iconos de la pureza y la naturalidad, consintiendo también la tropelía.

Sin embargo, es justo reconocer que cada uno de los tres hablaron en el ruedo con el único y auténtico lenguaje del toreo. Tres manifestaciones de arte que volvieron a sobrepasar los códigos prefigurados. Así que entre estos, y a fuerza de ser sincero, Juan Ortega fue el torero. Su profundo toreo, con predominio de la naturalidad, fascinó y sedujo. Su obra al quinto toro se enseñoreó de inspiración y torería provocando el eco infinito de la emoción. La belleza expresiva, refinada y evocadora, libre de vicios endémicos. Y es que el sevillano dejó configurada en el coso almeriense una hermosa creación. Posee la paleta cromática ideal para seguir dándole a su tauromaquia todo el esplendor, sólo falta que lidie toros bravos para poderla mostrar.

Sin duda, fue una elegante y atractiva lidia. Una antología completa de detalles toreros. Un álbum de estampas de la mejor tauromaquia. La creatividad de un artista. Pese a todo.