SEVILLA

San Miguel 2026: Sevilla, “El Vaticano del Toreo”, destino de peregrinación para los aficionados

martes, 15 de septiembre de 2026 · 09:04

Hay lugares que son importantes por su historia. Otros, por su belleza. Algunos, por lo que representan. Y existen unos pocos, muy pocos, que consiguen reunirlo todo y convertirse en algo que trasciende el tiempo, las modas y las fronteras. Sevilla es uno de ellos. Y en el corazón de Sevilla, a orillas del Guadalquivir y bajo esa luz única que parece haber sido creada para pintar el albero, se levanta un lugar que para cualquier aficionado constituye mucho más que una plaza de toros. La Real Maestranza de Caballería, “El Vaticano del Toreo”.

Un templo universal de la tauromaquia. Un lugar de peregrinación para quienes sienten que el toreo no es solamente una profesión, ni un espectáculo, ni una tradición. Es una forma de entender la vida, de enfrentarse al miedo, de buscar la belleza y de convertir unos minutos efímeros en algo que puede permanecer para siempre en la memoria. Y cada septiembre, cuando la temporada taurina se aproxima a su final, ese Vaticano del Toreo vuelve a abrir sus puertas para recibir a los grandes nombres de la Fiesta.

Llega la Feria de San Miguel. Y llega, en 2026, con una fuerza renovada. La Tauromaquia encuentra en el Coso del Baratillo, la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, uno de sus escenarios más universales. Y lo hace de la mano de un San Miguel 2026 que vuelve a crecer en ambición, categoría y sentimiento, gracias a la gran apuesta de Lances del Futuro por convertir este ciclo en una cita imprescindible para todo aquel que entiende el toreo como arte, cultura, tradición y emoción.

Porque San Miguel ya no es solamente una fecha más en el calendario taurino. San Miguel es una fecha que el aficionado debe marcar en rojo. La decisión de Lances del Futuro de dar un paso adelante y reforzar la Feria de San Miguel merece ser reconocida. La incorporación de un festejo más, con una novillada con picadores de enorme interés, supone ampliar la oferta taurina y, sobre todo, apostar por el futuro de la Fiesta.

Porque una feria verdaderamente importante no puede mirar únicamente hacia las figuras consagradas. Necesita también abrir la puerta a quienes llaman con fuerza desde abajo, a esos jóvenes que sueñan con escribir su nombre en las grandes plazas y que encuentran en la Maestranza un escenario capaz de cambiar para siempre el rumbo de una carrera.

Ese equilibrio entre presente y futuro, entre las figuras que ya han alcanzado la cima y los nombres que aspiran a conquistarla, es precisamente uno de los grandes valores de esta Feria de San Miguel. Y después llegan las figuras. Y qué figuras. Cuatro tardes para vivir el toreo. Del 24 al 27 de septiembre, Sevilla volverá a convertirse en capital mundial del toreo.

El ciclo abrirá sus puertas el jueves 24 de septiembre con una novillada con picadores de Garcigrande, con Olga Casado, Ignacio Garibay y Manuel Domínguez. Una tarde especialmente significativa porque representa esa imprescindible apuesta por la juventud y por el futuro de la tauromaquia.

El viernes 25, la Maestranza recibirá una corrida de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto con tres nombres capaces de convertir el toreo en una experiencia estética: José María Manzanares, Alejandro Talavante y Juan Ortega. Tres toreros de personalidad, de concepto y de sensibilidad diferentes, pero unidos por esa capacidad de emocionar cuando el toro y el artista encuentran el instante perfecto.

El sábado 26 será el turno de Jandilla y Vegahermosa, con una terna de enorme fuerza: Emilio de Justo, Roca Rey y Pablo Aguado. Poder, entrega, personalidad y sevillanía se dan la mano en una combinación destinada a despertar la expectación de los aficionados.

Y el domingo 27 llegará uno de esos carteles que, incluso antes de que se abra la puerta de cuadrillas, ya pertenecen a la conversación taurina. Garcigrande pondrá el toro y, frente a sus reses, Morante de la Puebla, Daniel Luque y Borja Jiménez. Una combinación de enorme categoría que pone el broche a un ciclo concebido para mirar hacia lo más alto.

Cuatro días. Cuatro tardes. Una novillada y tres corridas de toros. Y, sobre todo, una concentración extraordinaria de talento, juventud, figuras, ganaderías y emoción en uno de los templos universales de la tauromaquia. Pero sería imposible explicar la grandeza de San Miguel sin hablar de la plaza. La Real Maestranza de Caballería de Sevilla no es simplemente el lugar donde se celebran los festejos. Es parte esencial de aquello que sucede dentro.

Su arquitectura, sus tendidos, su albero, sus arcos, el blanco de sus muros y esa incomparable luz sevillana crean una atmósfera que no se puede reproducir en ningún otro lugar. La Maestranza tiene algo que no se explica fácilmente. Se siente. Hay plazas importantes. Hay plazas históricas. Hay plazas míticas. Y después está Sevilla.

Porque cuando el torero pisa el albero maestrante sabe que está entrando en un territorio donde la tauromaquia tiene una manera muy particular de entenderse. Aquí cuentan el temple, la pureza, la naturalidad, el gusto y la capacidad de emocionar sin necesidad de levantar la voz. En Sevilla, un muletazo puede parecer eterno. Un capotazo puede convertirse en poesía. Y un silencio puede decir mucho más que una ovación.

El aficionado que ocupa su localidad en la Real Maestranza no solamente va a presenciar una corrida de toros. Va a participar de una ceremonia que hunde sus raíces en la historia de la ciudad y que, durante unas horas, convierte el Coso del Baratillo en uno de los grandes centros espirituales y artísticos del toreo mundial. “El Vaticano del Toreo”.

Por eso, la Feria de San Miguel debe estar marcada en rojo en el calendario de cualquier aficionado. No solamente por la importancia de los nombres. No solamente por la categoría de las ganaderías. No solamente porque el ciclo reúna a algunas de las máximas figuras del escalafón.

Sino porque todo sucede en Sevilla. Y eso lo cambia todo. Septiembre ofrece además una Hispalis distinta. Después de los meses más intensos del verano, la Giralda recupera poco a poco su ritmo. Las tardes adquieren una luz dorada y las calles vuelven a invitar al paseo. El Arenal se llena de conversaciones, de aficionados, de encuentros y de tertulias en las que inevitablemente se habla de toros.

Antes de la corrida, Sevilla. Después de la corrida, Sevilla. Y entre ambas, la Real Maestranza. El Guadalquivir, la Torre del Oro, el Barrio del Arenal, sus calles, sus plazas, sus patios, sus restaurantes y sus veladores completan una experiencia que convierte un viaje taurino en algo mucho más profundo.

Porque venir a San Miguel es también regalarse Sevilla. Y Sevilla, como decía Antonio Gala, tiene una ventaja quizá nadie haya sabido resumir mejor el orgullo sevillano que el gran escritor y poeta Antonio Gala, cuando afirmó: “Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo; lo peor es que puede que tengan hasta razón”

Y cuesta encontrar una frase más apropiada para explicar lo que sucede durante San Miguel. Porque puede discutirse sobre muchas cosas. Sobre toreros, sobre ganaderías, sobre faenas, sobre estilos y sobre triunfos. Pero resulta difícil discutir cuando Sevilla abre sus puertas y “El Vaticano del Toreo” -la Real Maestranza- se prepara para recibir al toreo.

La Feria de San Miguel tiene además ese sabor especial de las grandes citas que llegan cuando la temporada comienza a entrar en su recta final. Es el momento de las cuentas pendientes, de los toreros que quieren cerrar el año a lo grande, de los jóvenes que buscan una oportunidad y de los aficionados que desean volver a sentarse en un tendido para disfrutar de aquello que hace diferente a la Tauromaquia.

Pero cuando Sevilla llama en septiembre y la Maestranza anuncia que vuelve a haber toros, el aficionado sabe que hay que estar allí. Porque hay lugares donde se celebra una feria. Y hay lugares donde la Tauromaquia se convierte en leyenda. "El Vaticano del Toreo", Sevilla, la Real Maestranza es uno de ellos.