EN CORTO Y POR DERECHO

52 Diputados contra la Tauromaquia (2)

Por José Carlos Arévalo
viernes, 24 de julio de 2026 · 08:12

Repito la pregunta que hice la semana pasada: ¿Debe El Congreso derogar una Ley que desde 2013 protege a la Tauromaquia como un patrimonio de la cultura popular española? Evoqué entonces los tres grandes ciclos de la historia del toro ibérico: 1. El Toro Sagrado, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y pervivió como inofensiva superstición en el agro español casi hasta nuestros días. 2. El Toro Lúdico, que usó la caballería cristiana medieval y terminó con el fin de la Corrida Caballeresca. Y 3. El Toro Mítico, que logró su identidad vinculada a la forja de la corrida de lidia a pie y no es otro que El Toro de Lidia. O sea, más de mil ganaderías de bravo. Cerca de 500 mil hectáreas de alto valor ecológico, muchas de Dehesa Ibérica, todas sumideros de CO2 y productoras de oxígeno, descansaderos de aves emigrantes, parada y fonda de animales silvestres en peligro de extinción, valladares frente al incendio estival, freno al urbanismo salvaje y solar paradigmático que protege el ecosistema del toro de lidia, el ´único creado y conservado por el hombre en el mundo occidental, lo que aconteció a finales del siglo XVIII, cuando la ganadería de bravo se escindió de las grandes explotaciones del bovino en España y Portugal.

Pero ahí no paran las cosas. Si el Congreso diera curso a tan salvaje pretensión, y como sería previsible que el destino de la Tauromaquia quedaría en manos de las CCAA, algunas gobernadas por los partidos nacionalistas y/o izquierdistas o con gran peso político en las mismas, daría comienzo a la extinción del toro de lidia y a la demolición de un parque de plazas de toros con más de mil edificios construidos, algunos de alto valor histórico y artístico, y base de un mercado que el año pasado atrajo 8 millones de espectadores. Importante cifra a la que debe sumarse el número de 22 mil festejos taurinos populares, celebrados también el año pasado en España.

Pero no me voy a explayar en diseccionar el batacazo económico y medioambiental que supondría la paulatina prohibición de las corridas. Prefiero incidir en el crimen cultural que conlleva la aviesa ILP (Iniciativa Legislativa Popular), si El Congreso aprobara el siniestro proyecto. La cultura popular pesa más que los dineros. Afecta a la misma identidad de los pueblos.

La bravura, alma del toro de lidia

No se mosqueen, es una manera de hablar. Si doy el rango de alma a la bravura es para afirmar que es algo más que naturaleza. Al toro ibérico, de quien desciende el toro bravo, tampoco nadie le atribuyó un alma.  Y sin embargo fue sagrado y lúdico, las dos cosas a la vez. Evidentemente porque así lo quisieron los habitantes de la Península y, después, los españoles y los portugueses. No hay por qué escandalizarse. Sin ir más lejos, para los no creyentes, también el hombre se inventó a Dios, y lo que parece más obvio, las religiones. Pero lo dicho no perturba lo más mínimo al creyente, porque cree en la Revelación y todo está muy claro. Tan claro y evidente como el hecho incontrovertible de que solo los humanos tienen alma.  Por lo demás, el Toro Mítico nace en el ilustrado siglo XVIII, cuando la razón y la ciencia sustituyen al Mito para explicarse el origen del mundo y de la vida. Habría sido incongruente que la corrida democrática, la que otorgó el protagonismo de la misma a los toreros del pueblo, a los de a pie, no a los caballeros, mitificara al toro y lo dotara de un alma.

Hizo todo lo contrario: inventó la Lidia. Un método de conocimiento que desvela, mediante el toreo, los comportamientos del toro. Se anticipó 300 años a la fundación de la etología, ciencia que estudia el comportamiento animal. E influyó en el ganadero de bravo para que inventara la bravura -no está claro si la lidia copió la suerte de varas del ganadero o si el tentadero o si fue a la inversa*-. La complicidad entre el torero y el ganadero fue absoluta.

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*El caso es que la lidia sucedió a la vista de todos y se puede verificar cuándo se creó la suerte de varas y cómo evolucionó, pero en el libro de las ganaderías, el tentadero, fuente y laboratorio de la bravura, no lo reseñan hasta avanzado el siglo XIX.

El torero logró que la agresividad del toro indómito se prolongara más allá del derrote e iniciara un principio de embestida. Y el ganadero -¿quién, cómo, por qué?- tuvo la genial intuición de acudir a un proceso genético, la cruza, para provocar la heredabilidad de caracteres que prolongara la embestida y la innata agresividad del toro culminara en bravura. Una, la asombrosa invención del toreo, ya no la esquiva y el recorte sino la conducción imantada de su agresividad, que da origen al toreo, y la otra, una apabullante invención precientífica, que crea la bravura y se anticipa un siglo al descubrimiento, ya sí científico, de las leyes de heredabilidad reveladas por Gregor Mendel.

Estas dos deslumbrantes aportaciones convirtieron al toro bravo -desde entonces llamado con propiedad toro de lidia- en un inusitado pacto entre Naturaleza -agresividad innata del toro- y Cultura -su agresividad desarrollada por el hombre-,. Fue entonces cuando el toreo huyó de la esfera del juego deportivo y se introdujo en el universo del arte. Fue cuando un animal, el indómito toro ibérico, se convirtió en el actor de una narración dramática que restaura en vivo el primer combate del hombre que descendió del árbol y disputó el territorio a la fiera. Una historia que en el ruedo siempre es la misma y siempre es distinta, pues distinto es el comportamiento de todos y cada uno de cuantos toros salen al ruedo. Y ese comportamiento diferente confirió al toro de lidia una identidad individual incuestionable, la cual, obviamente, le da derecho a nombre propio. Caso único en toda la fauna, pues los animales tan solo poseen una identidad genérica**. Y tal atributo no es caprichoso. La nomenclatura de las ganaderías convirtió al paso de los años en su carta de garantía. Dividida su población en reatas (familias), cada una de ellas tiene su principio en una madre original, de cuyo nombre derivan todas las denominaciones de la familia. Así, por ejemplo, de la vaca “Corsaria” saldrá un hijo “Navegante” o una hija “Barquera”. Denominaciones que agrupan nombre y apellido, designan al individuo y a su estirpe “marinera”.  Que tal denominación sea matrilineal y no patrilineal se debe a que el garante de la bravura inicialmente fue la vaca -no en vano a las ganaderías se las llamaba vacadas- y posterior fue la selección de sementales, cuya influencia es más decisiva porque engendra muchos hijos todos los años y la vaca solo uno. No obstante, parece ser que las reatas guardan signos distintivos de bravura y hechuras.

Pero lo que realmente mitifica al toro de lidia no es el certificado de origen que  da principio a su identidad individual sino lo que hace en la plaza. Nada más y nada menos que medir al hombre. Su valor, su destreza, su arte y, sobre todo, la verdad con que trata al toro, la sinceridad de su toreo. De ahí, el prestigio mítico del toro de lidia.  Es el donador de gloria o de muerte, la más paradigmática encarnación del destino.

¿Paradójico que en la Edad de la Razón, en pleno siglo de las luces, la moderna tauromaquia haga del toro un mito? La razón nunca se negó a investigar el territorio de lo fantástico. Y fantástico y racional es el método que crea para indagar el mito del toro indómito. Es el siglo de las luces y los toreros empiezan a crear el traje de luces. Es el tiempo de la Enciclopedia, el libro que pretende razonar el mundo. Y es el tiempo de la Primera Tauromaquia, el libro de Pepe-Hillo que pretende explicar el toreo con pretensión científica. Pero no el arte, porque el toreo todavía no lo es, tan solo empieza a serlo.

**Hay dos excepciones, el perro, por su amistad con el hombre. Y el caballo, por su milenaria asociación con el hombre, al que llegó a dignificar socialmente. De ahí el significado de la palabra caballero.

¿Me paro de escribir? ¿Son suficientes estas palabras para desmentir la corrida de toros como una muestra vergonzante de la atávica barbarie hispana, como piensan los 52 diputados de marras? No lo son. Queda por desmontar de manera inapelable la acusación de crueldad de la lidia, la neutralización del dolor por parte del toro y su necesaria muerte en la arena. De manera que hasta el próximo viernes.

Próxima entrega: Los 52 diputados y su ILP no saben qué le pasa al toro durante la lidia (3)