FERIA DE LA ANTIGUA 2025
Entrega de Victor Hernández y torería de Ginés Marín en la segunda de abono en Guadalajara
Ginés Marín salió decidido desde el primer instante, recibiendo al toro con un saludo a la verónica lleno de temple, armonía y buen gusto. El quite por tafalleras, variado y seguro, despertó los primeros aplausos de la tarde.
Tras brindar al público, inició la faena con la mano derecha, citando a media distancia, marcando bien los tiempos y acompasando la embestida. Fue al natural donde alcanzó sus momentos más brillantes: una tanda de muletazos largos y hondos que conectaron de verdad con los tendidos y dieron cuerpo a la obra. El toro, sin embargo, a partir de la tercera serie comenzó a venirse abajo, desluciendo el conjunto y obligando al torero a abreviar. Una media estocada certera puso punto final. El público le tributó una fuerte ovación, acompañada de petición de oreja.
Víctor Hernández se fue a por el toro con determinación, cuajando un lucido recibo con el capote, pese a que en un par de ocasiones el animal llegó a enganchar el percal. El diestro de Los Santos de la Humosa brindó la faena al público, gesto de entrega antes de abrir labor con unos estatuarios muy asentados y de gran firmeza.
Por el pitón derecho alcanzó sus mejores momentos iniciales, logrando una tanda de gran calidad, muy ceñida y templada, que marcó el rumbo de la faena. Sería otra serie de derechazos, ligados y mandones, la que terminó por prender al público y conectar de lleno con los tendidos. Antes de entrar a matar, adornó el final con manoletinas apretadas que añadieron intensidad y emoción al desenlace. Ovación.
Ginés Marín volvió a mostrarse dispuesto desde el inicio, recibiendo con buen pulso al toro hasta conseguir fijarlo. En el tercio de varas, la acometida fue tan fuerte que llegó a derribar al picador Guillermo Marín. En banderillas destacó la labor de Víctor del Pozo, que dejó dos grandes pares y se desmontero. El torero jerezano inició la faena con la montera calada, transmitiendo decisión y entrega. El astado, con poca movilidad desde el principio, planteó dificultades, pero Ginés supo manejarlo con serenidad y claridad de planteamientos. Por el pitón izquierdo llegaron los pasajes más logrados: una serie de naturales templados y profundos, cargados de pureza, aunque el toro protestaba y remataba con un derrote al cierre.
Consciente de las limitaciones del animal, el diestro optó por la cercanía, acortando distancias y dando más intensidad a cada muletazo. El final de faena tuvo autenticidad y sabor, antes de entrar a matar con una estocada algo baja que resultó efectiva.
Oreja, con leve petición de la segunda.
Víctor Hernández se topó de salida con un recibo complicado, ya que el toro acusó desde el primer momento serios problemas de movilidad. El público protestó con insistencia reclamando su devolución, aunque el presidente decidió mantener en el ruedo al de José Vázquez. El animal embistió de manera irregular, con la cara alta y sin entrega, llegando incluso a partirse un pitón durante la lidia. En los primeros pasajes de muleta apenas se interesó por los engaños, sin humillar y restando lucimiento a los intentos del torero.
Aun así, Hernández tiró de recursos y profesionalidad, logrando algunos muletazos meritorios e intentando, con tesón, involucrar a los tendidos. La suerte suprema se resolvió con una estocada baja y poco efectiva, teniendo que recurrir al descabello para dar por concluida su actuación. Silencio.
Ginés Marín se mostró inspirado desde el inicio con el capote, recibiendo al toro con una serie de verónicas de gran temple, cerradas con una media de notable empaque. Con gracia y seguridad, lo llevó al caballo por chicuelinas que desprendieron torería.
En el tercio de varas y banderillas, destacó la entrega de Álvaro de la Calle, siempre atento y acertado en sus quites.
Con la muleta, el extremeño comenzó por la mano derecha, logrando pronto la conexión con los tendidos. No obstante, fue al natural donde alcanzó la mayor profundidad, dejando muletazos largos, sentidos y con mucho peso artístico. La suerte suprema deslució el conjunto: la estocada no fue efectiva y tuvo que emplear el descabello. El público reconoció su esfuerzo con una cariñosa ovación.
Con el cierraplaza, Víctor Hernández recibió al astado con un capote eficaz que permitió fijar su embestida desde el inicio. En el tercio de banderillas destacó la actuación de Marcos Prieto, que dejó dos buenos pares y se vio obligado a saludar montera en mano entre una cerrada ovación. La faena comenzó con gran espectacularidad: Hernández se puso de rodillas, encadenó pases por la espalda y remató con un natural que hizo estallar a los tendidos al grito de “¡torero!”. A partir de ahí, basó su obra principalmente en la diestra, logrando series bien ligadas y aprovechando la nobleza del animal, que mantuvo el interés del público, entregado y vibrante en cada muletazo.
En la parte final, buscó aún más cercanía y riesgo, arrimándose mucho para aumentar la emoción. Sin embargo, la suerte suprema empañó el conjunto: la estocada no resultó definitiva y tuvo que recurrir varias veces al descabello. El esfuerzo terminó sin premio, con silencio en los tendidos.
FICHA:
Guadalajara (Guadalajara).- Segunda de la feria de la Antigua. Toros de José Vázquez para Ginés Marín y Víctor Hernández, mano a mano. Tres cuartos de entrada.
Ginés Marín, Oreja , Oreja y Ovación;
Víctor Hernández, Ovación, Silencio y Silencio;