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Octavio Chacón: “Hay un torero nuevo, un torero renovado, que todavía tiene mucho que decir”
Burladero.Tv en exclusiva con Octavio Chacón para hablar del hombre que hay detrás del toreroHay toreros que llegan a la gloria por el camino más corto y hay otros que, para alcanzarla, tienen que recorrer antes todos los senderos difíciles de la profesión. Octavio Chacón pertenece, sin duda, a estos últimos. Su historia es la de un hombre que nunca dejó de creer, ni siquiera cuando parecía que ya no quedaban puertas por abrir.
Desde Prado del Rey, en plena serranía gaditana, nació y creció un torero hecho a base de sacrificio, de kilómetros, de tardes duras y de una inquebrantable voluntad de superación. Porque Chacón no ha vivido nunca de espaldas al toro. Cuando faltaron las oportunidades, buscó caminos; cuando España dejó de llamarlo, cruzó el océano rumbo a Perú; cuando la desesperanza estuvo a punto de vencerle, siguió aprendiendo. Y cuando creyó que su carrera como matador podía haber llegado a su final, el toro -ese mismo toro al que tanto ha entregado- volvió a ponerle delante una oportunidad para resucitar.
Insistió cuando nadie apostaba, resistió cuando todo invitaba a rendirse y nunca, ni siquiera en los momentos más oscuros, desistió. Porque para Octavio Chacón torear siempre fue eso: resistir, creer y volver a levantarse. El gaditano entendió siempre el toreo como se entienden las cosas que de verdad se aman: luchando por ellas hasta el final.
Forjado en las llamadas plazas duras y profundo conocedor de esos encastes que exigen al torero algo más que valor, Octavio Chacón ha construido su carrera desde el conocimiento, el oficio, la paciencia y una enorme capacidad de sacrificio. Su toreo lleva la huella de quien ha tenido que ganarse cada tarde, cada contrato y cada reconocimiento. Y quizá por eso, cuando llega el triunfo, tiene un sabor distinto: sabe a verdad.
Ahora, a sus cuarenta y tantos años, la vida taurina parece devolverle parte de todo aquello que un día le negó. Sanlúcar de Barrameda fue el último gran capítulo. Ante una imponente corrida de Miura, en una Magallánica de enorme trascendencia, Chacón volvió a demostrar que la experiencia también puede ser una forma sublime de valor. Supo leer al toro, entender sus tiempos, proteger sus fuerzas y descubrir posibilidades donde otros solo habrían encontrado dificultades. Y cuando llegó la espada, llegaron también las dos orejas y una Puerta Grande que tuvo el sabor especial de las victorias largamente esperadas.
Pero quizá lo más hermoso de esta historia es que Octavio sigue teniendo hambre. Hambre de toro, de tardes importantes, de demostrar que todo aquel sacrificio no fue en vano. La ilusión permanece intacta y el sueño, lejos de apagarse, parece ahora más vivo que nunca.
A esta nueva etapa llega, además, acompañado por alguien que conoce bien su manera de entender el toreo y con quien le une una amistad y una confianza forjadas desde hace años: Antonio Caba. Un nuevo apoderamiento que representa también una nueva oportunidad para ordenar el camino, aprovechar el momento y mirar hacia delante con la ambición de quien sabe cuánto le ha costado llegar hasta aquí.
Porque la carrera de Octavio Chacón no puede entenderse únicamente desde los números, los carteles o las estadísticas. Es, sobre todo, una larga, sufrida y victoriosa historia de amor al toro y a una profesión a la que ha entregado prácticamente una vida entera. Hoy, después de tantas batallas, el torero de Prado del Rey vuelve a sentirse torero. Y quizá esa sea la mayor de sus victorias.
Con la emoción todavía reciente de Sanlúcar, con la Miurada en la memoria y con una nueva ilusión por delante, nos encontramos en exclusiva con Octavio Chacón en Burladero.Tv para hablar del hombre que hay detrás del torero, del camino recorrido, de las tardes que le hicieron crecer, de los momentos en los que estuvo a punto de dejarlo todo y, sobre todo, de ese futuro que ahora vuelve a mirar de frente. Porque Octavio Chacón nunca dejó de esperar su momento. Y ahora que parece haber llegado, está dispuesto a no dejarlo escapar.
'Octavio Chacón: Volver a escribir el libro'
Sanlúcar de Barrameda fue el escenario de ese renacer. Una corrida de Miura que, más allá de los trofeos, tuvo la dimensión de una declaración de intenciones. Octavio Chacón volvió a sentirse torero. Y lo hizo delante de un público que terminó rendido a su manera de entender el toreo: con verdad, temple, despaciosidad y una serenidad que solo puede nacer después de haber atravesado el desierto. Antes de hablar de aquella tarde, sin embargo, hay que hablar de todo lo que la precedió.
"Emilio, muy buenas. Me da mucha alegría hablar contigo. Quiero agradecerte todo lo que haces por mí, por atenderme cada vez que me hace falta. Es un placer hablar contigo y con Burladero.TV."
Sus primeras palabras nacen del agradecimiento. Porque durante los momentos más difíciles hubo personas que tendieron una mano cuando las rodillas estaban, como él mismo dice, “peladas”.
"Carmelo García me echó un cable enorme cuando más lo necesitaba. Cuando estaba con las rodillas peladas, como yo digo, cuando atravesaba uno de los momentos más duros de mi carrera y la incertidumbre era enorme, tuvo la sensibilidad de tenderme la mano, de ayudarme a levantarme y de darme la oportunidad de seguir navegando. En aquellos momentos, cuando realmente no tenía nada y empezaba a pensar que, si las cosas no cambiaban, tendría que quitarme porque nadie iba a atenderme, Carmelo estuvo ahí. Y eso, para mí, tiene un valor incalculable. Porque más allá de una oportunidad profesional, lo que encontré en él fue una persona que creyó en mí cuando más difícil era hacerlo. Por eso siempre voy a estarle agradecido. Carmelo García no solo me ayudó a seguir siendo torero; me ayudó a no perder la ilusión cuando estaba a punto de perderla".
A sus 41 años, después de muchos años de profesión, el desgaste podía más que nunca. Había demasiadas temporadas, demasiadas esperas, demasiadas puertas que no terminaban de abrirse. Pero hay hombres que, cuando están a punto de rendirse, encuentran precisamente ahí la fuerza para continuar.
En aquellos momentos, cuando realmente no tenía nada y empezaba a pensar que, si las cosas no cambiaban, tendría que quitarme porque nadie iba a atenderme, Carmelo estuvo ahí. Y eso, para mí, tiene un valor incalculable. Porque más allá de una oportunidad profesional, lo que encontré en él fue una persona que creyó en mí cuando más difícil era hacerlo. Por eso siempre voy a estarle agradecido. Carmelo García no solo me ayudó a seguir siendo torero; me ayudó a no perder la ilusión cuando estaba a punto de perderla
"He cumplido 41 años y llevo muchos años navegando. Llega un momento en que te desmoralizas. Pero mucho antes de Sanlúcar ocurrió algo dentro de mí. Me hice una promesa con mis hijos en brazos: Vuestro padre todavía es capaz de darle una vuelta a esto”.
Y aquella promesa terminó convirtiéndose en una realidad. Volvió la motivación infinita -esa que nunca dejó- pero la que hizo retomar los entrenamientos hasta la saciedad y más allá de la caída del sol, de ir al campo, de enfrentarse a un toro, de volver a sentirse útil en aquello que más ama. Recuperó la paz y, con ella, la ilusión.
"Eso fue lo que me llenó de motivación: volver a recuperarme, llenarme de paz, de ilusión, tener ganas de entrenar, ganas de ir al campo. Y mira lo que me tenía preparado la vida. Ha tardado, pero mira. Lo que pensé que podía ser la última tarde, de repente cambió en un rato todo".
Sanlúcar de Barrameda y su Magallánica no fue solamente un triunfo. Fue una vuelta de tuerca. Una de esas tardes que modifican la percepción de un torero y obligan a replantearse todo lo que se había escrito sobre él.
La corrida de Miura tuvo lectura desde el principio, pero fue especialmente en el cuarto toro cuando ocurrió algo difícil de explicar y fácil de sentir. Parte del público recibió al animal con cierta prevención. Octavio Chacón, sin embargo, consiguió darle la vuelta al sentir del público, lo metió en su muleta, conquistó al tendido y terminó construyendo una faena que permanece en la memoria colectiva del buen aficionado.
No solamente sé lidiar una corrida dura, también estoy preparado para torear. Para torear despacio. Para demostrar que sé torear cuando el toro puede. Ese ha sido siempre mi camino, pero ahora quería transmitir un mensaje diferente al concepto que se tenía de mí"
Ese era el nuevo mensaje que quería dar a la afición. No solamente sé lidiar una corrida dura, también estoy preparado para torear. Para torear despacio. Para demostrar que sé torear cuando el toro puede. Ese ha sido siempre mi camino, pero ahora quería transmitir un mensaje diferente al concepto que se tenía de mí. Antonio Caba y yo dijimos que íbamos a escribir un libro y nos hemos dejado muchas páginas en blanco. Ahora tenemos que seguir. Tenemos que darnos la mano, intentar terminar el libro y firmarlo
La televisión, las redes sociales y la repercusión posterior hicieron que aquella tarde no terminara cuando abandonó la plaza.
"Gracias a Dios, la difusión que ha tenido la corrida ha sido enorme. Las redes sociales, Canal Sur Tv y Radio... Por lo menos, aquello no quedó allí. Ha podido llegar a muchísima gente. Y ahora lo que quiero es que cuenten conmigo, que no me echen al olvido. Porque hay un torero nuevo, un torero renovado, que todavía tiene mucho que decir".
Hay en sus palabras una mezcla de humildad y determinación. No reclama un lugar. Lo pide con el argumento que mejor conoce: el de la muleta. Porque todavía quedan páginas por escribir. Empezamos con Antonio Caba.
"Dijimos que íbamos a escribir un libro y nos hemos dejado muchas páginas en blanco. Ahora tenemos que seguir. Tenemos que darnos la mano, intentar terminar el libro y firmarlo".
Antonio Caba aparece así como una pieza fundamental en este nuevo capítulo. Una alianza que no pretende borrar lo ocurrido, sino continuar la historia desde otro lugar. Y en esa historia hay un país que ocupa un lugar especial: Francia fue refugio y fue oportunidad cuando en España las puertas parecían cerrarse. También Perú desempeñó en su día un papel importante, cuando el nombre de Octavio Chacón había quedado relegado a un segundo plano. Ahora, el objetivo vuelve a ser recuperar aquel espacio y construir un circuito que le permita expresarse como torero.
"Eso es lo que queremos: volver. Yo siempre he dicho que, cuando salí de las ferias, la culpa no la tuvo nadie más que yo mismo. Y donde quiero estar es en mi circuito, donde creo que puedo navegar bien. A mí no me va a afligir ningún tipo de encaste, como les llaman: corridas duras, menos toreables... Me da igual cómo quieran llamarlas. Yo ahí soy feliz. Sé que ahí puedo encontrar de nuevo mi sitio". Y añade, con una convicción que parece resumir toda esta nueva etapa: "Lo que quiero es torear, torear y torear. Porque hacía muchísimos años que no me encontraba como me encuentro ahora. Y ahora soy feliz".
Quizá esa sea la palabra que mejor define al Octavio Chacón que apareció en Sanlúcar: felicidad. Pero no una felicidad superficial. Es la felicidad de quien ha sufrido, de quien ha esperado, de quien ha pasado noches preguntándose qué sería de su futuro y, aun así, decidió seguir entrenando. ¿Cómo se consigue dosificar todo eso después de haber estado tanto tiempo en blanco?
"Sufriendo. Padeciendo. Pero, sobre todo, cuando ya no podía más, me aferraba al campo, a una tanda, a un toro en el campo, a una tanda de entrenamiento, a una carrera. He hecho muchos kilómetros solo. Y de ahí me iba aferrando a pequeñas cosas para no perder definitivamente la ilusión".
El campo fue su refugio. Allí encontró una manera de mantener encendida una llama que, aunque algunas veces parecía diminuta, nunca llegó a apagarse.
"Sabía que en cualquier momento me podía llegar uno que me diera la oportunidad de torear despacio. Y creo que eso era precisamente lo que le faltaba al aficionado: verme torear despacio".
En Sanlúcar el aficionado pudo verlo. Y respondió. La plaza se entregó al torero y, después, la respuesta de la gente se multiplicó fuera de ella. Mensajes, muestras de cariño, palabras de ánimo y reconocimiento. Un afecto que Octavio Chacón no olvida y que siente como una deuda que ahora debe devolver en el ruedo.
"Han sido innumerables las muestras de cariño. Estoy muy agradecido a todos. Y ahora se las tengo que devolver a todos como pasó en Sanlúcar: preparándome, mentalizándome para triunfar. Ahora no hay alternativa. O sí o sí. No hay espacio para la duda".
Hay fechas por delante y una temporada que todavía puede ofrecer nuevas oportunidades. Villamartín aparece en el calendario inmediato. Después, Perú. Y la expectativa de varias tardes más.
"Toreo el día 19 en Villamartín y después me voy el 30 de septiembre. Toreo la primera en Perú. Creo que puedo torear siete u ocho corridas hasta mediados de octubre".
Siete u ocho corridas pueden parecer pocas en una temporada. Para un torero que ha conocido el silencio, son mucho más que eso: son páginas nuevas.
Páginas que empiezan a escribirse ahora. Y quizá por eso, cuando termina la conversación, queda flotando una sensación inequívoca: Octavio Chacón no quiere vivir de la memoria de Sanlúcar. Quiere utilizarla como punto de partida. La tarde de Miura no fue un punto final. Fue una puerta. Al otro lado espera un torero que ha recuperado la ilusión, que vuelve a sentirse feliz y que sabe que todavía tiene mucho que decir. Un torero que no reniega de los años difíciles porque, precisamente gracias a ellos, ha aprendido a valorar cada oportunidad.
"Nos hemos dejado muchas páginas en blanco" -decía al hablar de ese libro que comenzó a escribir junto a Antonio Caba-. "Ahora hay que seguir". Y eso es exactamente lo que pretende hacer. Seguir. Torear. Y volver a firmar, una a una, las páginas de una historia que parecía a punto de terminar y que, sin embargo, acaba de comenzar un nuevo capítulo.






Galería de Fotos: Espectáculos Carmelo García / Vía: Eva Morales
Foto Portada: Chopera Toros / Vía: André Viard