ACTUALIDAD
Manuel Luque ‘El Exquisito’: “Ahora mi objetivo principal es debutar con picadores”
Entrevista en exclusiva con el 'Triunfador' del XXXII Ciclo de Novilladas S/P de Canal Sur TvHay toreros que torean su tiempo y otros que parecen llegar desde otra época para recordarnos cómo se soñaba el toreo. Manuel Luque ‘El Exquisito’ pertenece a esa segunda estirpe. Su nombre, su sobrenombre y, sobre todo, sus formas, parecen dibujar la silueta de un torero rescatado de aquellas viejas imágenes del Nodo, de las plazas en blanco y negro y de una tauromaquia en la que la elegancia no necesitaba presentación.
Desde La Puebla del Río, cuna de tantas sensibilidades taurinas, emerge un novillero que no busca parecerse a nadie porque, quizá, su mayor virtud sea precisamente esa: haber encontrado una manera propia de expresar el toreo. Manuel Luque posee una personalidad que se percibe desde el primer instante en que pisa el ruedo. Hay en su interpretación clasicismo, pureza, naturalidad y una estética de sabor antiguo que, lejos de convertirse en nostalgia, adquiere en sus manos una dimensión viva y contemporánea.
Le llaman ‘El Exquisito’, un sobrenombre poco habitual en estos tiempos, pero que en su caso parece hecho a medida. Porque lo exquisito no está únicamente en el nombre, sino en la búsqueda de la belleza en cada muletazo, en el gusto por las formas, en el temple y en esa manera pausada de construir el toreo que obliga al aficionado a detener la mirada.
Y es que Manuel Luque no se parece a nadie. Un novillero con aroma de otros tiempos. Esa singularidad es, probablemente, una de sus grandes cartas de presentación. Su toreo tiene el extraño poder de no cansar, de querer volver a verlo, de descubrir en cada faena un matiz distinto. Hay toreros que sorprenden y toreros que permanecen en la retina; ‘El Exquisito’ aspira a ser de estos últimos.
El pasado 29 de agosto, en la Plaza de Toros de Villacarrillo, el joven espada vivió uno de los capítulos más importantes de su todavía incipiente trayectoria durante la ‘Gran Final’ del XXXII Ciclo de Novilladas. Se proclamó Triunfador absoluto del ciclo en una tarde que fue mucho más que un concurso: fue una celebración de la juventud, de la ilusión y del futuro de la Fiesta en Andalucía. Un ciclo organizado por la Asociación Andaluza de Escuelas Taurinas ‘Pedro Romero’, que volvió a reunir a los nombres llamados a escribir las próximas páginas de la tauromaquia andaluza y que, un año más, llevó a los hogares de los aficionados, a través de Canal Sur Televisión, la emoción de una cantera que reclama su sitio.
En ese escenario, entre la responsabilidad de la competencia y la ilusión de quien sabe que el camino apenas comienza, Manuel Luque ‘El Exquisito’ se alzó con el primer puesto escribiendo su propia historia. Una historia -un toreo- que hunde sus raíces en el clasicismo, que mira con respeto hacia los grandes nombres del pasado y que, sin embargo, quiere abrirse paso hacia el futuro con una personalidad inconfundible.
Hoy, en Burladero.Tv, nos sentamos frente a un novillero que lleva en su nombre una promesa y en su toreo una forma de entender la Fiesta. Hablamos con Manuel Luque ‘El Exquisito’, el torero que parece haber salido de una película en blanco y negro para devolvernos, en pleno Siglo XXI, el aroma eterno de la tauromaquia.
Hay triunfos que llegan cuando menos se esperan y que, precisamente por eso, adquieren un valor especial. Manuel Luque, 'El Exquisito', ha vivido en primera persona esa transformación: de la incertidumbre provocada por una lesión y la falta de preparación a convertirse en uno de los nombres propios del circuito, alcanzando una final en la que volvió a mostrar la personalidad, la elegancia y ese particular concepto del toreo que le han acompañado desde sus comienzos. Recibe la enhorabuena por sus triunfos y, al echar la vista atrás, reconoce que ni siquiera él mismo podía imaginar hasta dónde iba a llegar cuando comenzó el circuito. Venía de una lesión, apenas había toreado y su preparación estaba lejos de ser la ideal. Por eso admite, con la naturalidad que le caracteriza, que no esperaba ni siquiera alcanzar la final. "La verdad, si te digo la verdad, no me hubiese esperado ni mucho menos llegar a la final, sinceramente. Venía de la lesión de enero, no había toreado nada prácticamente, había hecho algunos tentaderos de aficionados y venía prácticamente sin preparación ninguna. Tenía la preparación de otros años atrás, pero la verdad es que en ese momento no confiaba ni yo mismo. Después, conforme iban pasando los días en el circuito, fui cogiendo confianza y soltura y, poco a poco, fui creyendo".
Y fue creyendo hasta llegar a una final que, a su juicio, terminó siendo la tarde más rotunda de todo el circuito. Entre las actuaciones que guarda especialmente en la memoria sitúa también la semifinal de La Línea de la Concepción, otra de esas tardes en las que sintió que su toreo había alcanzado una dimensión especial. "Yo pondría esa tarde como la primera, por supuesto, de rotundidad, y otra creo que la de la semifinal de La Línea de la Concepción".
Detrás de este triunfo hay una historia de esfuerzo y también de incertidumbre. Manuel Luque se lesionó el pasado año, en septiembre, del menisco, mientras toreaba en un pueblo de Ávila. En aquel momento decidió continuar, recuperarse y seguir toreando sin pasar por el quirófano. Sin embargo, el problema terminó agravándose unos meses después. "Yo me lesioné el año pasado, en septiembre, del menisco. Me lo rompí parcialmente toreando en un pueblo de Ávila y seguí. Me recuperé, no me operé y continué toreando hasta que, en enero, toreando en La Puebla del Río, en un giro tonto como aquel que hice, se me fue completo el menisco y ya me tuve que intervenir. Se me bloqueó la rodilla".
La intervención le obligó a detener su carrera en un momento delicado. Durante meses apenas pudo torear y su nombre dejó de sonar con la fuerza de etapas anteriores. Entonces llegó el circuito y, con él, la oportunidad de recuperar el terreno perdido. La televisión se convirtió en un escaparate decisivo. Sus actuaciones llegaron a muchos aficionados y sus triunfos consiguieron devolverle una notoriedad que parecía haberse apagado temporalmente. Manuel reconoce que aquellas tardes televisadas significaron mucho para él. "Al final han sido los triunfos por la tele los que me han dado mucho. Había mucha gente que, sobre todo, estaba un poco como en el abandono desde enero, porque no sonaba mi nombre, y otra vez he vuelto a sonar".
Ahora, con el reconocimiento recuperado y nuevas puertas comenzando a abrirse, su mirada está puesta en el futuro. El objetivo es claro: debutar con picadores. Para ello necesita preparación, continuidad y, sobre todo, encontrar a alguien que crea en sus posibilidades y esté dispuesto a apostar por él. "Ahora mismo mi objetivo principal es debutar con picadores, sobre todo que llegue alguien que pueda apostar por mí y me pueda dar el debut con picadores. Quiero prepararme bien durante el invierno y poder dar el salto cuando se pueda, para el año que viene".
Hablar con Manuel Luque es hacerlo también de una manera de entender el toreo. Su elegancia, ese sabor añejo que desprende su tauromaquia y, al mismo tiempo, una sensibilidad contemporánea han hecho que muchos aficionados reparen en él. Su concepto parece mirar hacia atrás para encontrar las raíces, pero sin renunciar a construir algo propio. Él recibe esas consideraciones como un halago. Explica que siempre ha bebido de los toreros antiguos, de aquellos maestros que han construido la historia del toreo y cuyo legado ha estudiado con verdadera admiración. Al mismo tiempo, reconoce la influencia que ha ejercido sobre él Morante de la Puebla. "Para mí eso es un halago, la verdad, porque al final yo bebo y he vivido siempre, sobre todo, de las obras más antiguas, de toreros que hoy día ya ni viven la mayoría. Pero también he vivido mucho, sobre todo, de Morante en esta época. Hay toreros que me gustan mucho, pero para mí es un halago. Es lo que he buscado siempre: beber de esas fuentes".
Pero esa admiración ha venido acompañada, desde sus primeros pasos, de una acusación que le ha dolido especialmente: la de querer imitar a Morante. Manuel recuerda que, siendo todavía un niño, llegó a escuchar que era una copia del maestro. Con el paso del tiempo ha aprendido a convivir con esas opiniones, aunque reconoce que inicialmente le hicieron daño. "Desde que empecé me ha perseguido siempre el que uno, al final, que no me traga por lo que sea, me haya dicho que imito a Morante, que intento imitar a Morante o que soy una copia barata de Morante. A mí esas cosas, al principio, me han herido mucho, porque al final era un niño".
Sin embargo, hay una diferencia esencial entre admirar a un torero y pretender convertirse en él. Manuel explica que cualquier joven puede estudiar vídeos, observar recursos o intentar reproducir determinados movimientos durante el toreo de salón, pero que la verdad aparece cuando el toro está delante. "Sí que es verdad que del maestro, por supuesto, me vi mucho y, como todo chaval, hemos visto muchos vídeos. Pero eso no quiere decir que sea mi personalidad. Yo siempre digo que se puede querer parecer a alguien toreando de salón, pero de ahí a ponerte delante de un animal, jugándotela con los nervios y la presión, es muy difícil intentar imitar a una persona delante de un toro".
Ahí, en ese instante de verdad, es donde cada torero tiene que ser él mismo. Los nervios, el miedo, la presión y la responsabilidad hacen imposible sostener una máscara. Se pueden estudiar pases y recursos, pero el sentimiento y la manera de afrontar al animal pertenecen a cada torero. "Yo sinceramente sé que nunca he imitado a nadie. Lo que hago, lo hago con mi personalidad. Sí que es verdad que copio cosas, como pases, cosas que he visto, pero para hacerlas con mi personalidad desde siempre".
Es una búsqueda que le ha acompañado desde sus comienzos y que, pese a las críticas, continúa definiendo su camino. "Eso sí que es verdad que me ha dañado mucho desde que he empezado, pero poco a poco es lo que busco: que no encaje en nadie en ese sentido". Y quizá ahí se encuentre una de las claves de su personalidad artística: beber de las fuentes de los grandes sin quedar atrapado en ninguna de ellas; reconocer las influencias sin renunciar a una identidad propia.
En ese proceso de formación ha desempeñado también un papel importante el maestro Tomás Campuzano. Manuel Luque forma parte de su escuela y, aunque este año ha podido acudir menos por sus estudios y otras obligaciones, reconoce el valor de todo lo aprendido junto al maestro. Habla de sus tardes en la escuela, de sus conversaciones y, especialmente, de los consejos recibidos. Sobre todo, deja patente su agradecimiento hacia quien ha contribuido a su formación. "Este año sí que es verdad que he ido menos a la escuela, por temas de los estudios y las cosas, pero la verdad es que el maestro me ha enseñado muchas cosas. Sus consejos, todas esas tardes que he estudiado con él y que me ha aconsejado, me aportan muchísimo. Desde aquí quiero darle las gracias al maestro y decir que le estoy muy agradecido".
Su futuro en la escuela todavía está por decidir. "De aquí en adelante no sé si seguiré en la escuela o no; depende de cómo vayan sucediendo las cosas. Pero estoy muy agradecido". Lo que sí parece claro es que el momento actual exige dar un paso adelante. El triunfo ha despertado expectativas y ahora necesita continuidad. Para afrontar el salto a una nueva categoría será necesario algo más que una buena actuación: necesita una estructura que apueste por él y le permita seguir creciendo. "Sí, claro. Al final ya esto no es como sin caballos. Supongo que hará falta algo más para dar el salto y, por supuesto, para no quedarte parado".
El primer fruto de ese reconocimiento ya comienza a hacerse visible. Después de sus actuaciones en el circuito han surgido tres nuevos compromisos, nuevas tardes en las que tendrá la oportunidad de seguir demostrando lo que lleva dentro. "Me han salido, a raíz de ahí, tres cosillas. Ha salido el martes que viene, el miércoles y el sábado, en Guadalajara, en un pueblo de Badajoz y en la novillada de Arroyomolinos". Son nuevas oportunidades para mantener vivo el impulso conseguido y demostrar que lo ocurrido no responde a una casualidad, sino a una evolución que viene gestándose desde hace tiempo.
Manuel Luque 'El Exquisito' ha vuelto a sonar. Y lo ha hecho después de atravesar uno de los momentos más delicados de su todavía joven trayectoria. Una lesión le obligó a parar, la falta de preparación hizo que llegara al circuito sin demasiadas certezas y, sin embargo, encontró en el camino algo fundamental: confianza. Fue creciendo tarde a tarde hasta alcanzar una final que considera la más rotunda. La televisión amplificó su mensaje y los triunfos hicieron que muchos aficionados volvieran a fijarse en él.
"Ahora comienza otra etapa. Ya no se trata únicamente de sorprender, sino de consolidarse. Encontrar oportunidades, conseguir el respaldo necesario y preparar durante el invierno ese salto que puede marcar un antes y un después en mi carrera". El objetivo, como él mismo reconoce, está claro: debutar con picadores. Y mientras llega ese momento, Manuel Luque seguirá buscando su propio camino, entre el sabor de los clásicos y la necesidad de construir una tauromaquia personal. Porque, al fin y al cabo, 'El Exquisito' no quiere ser una copia de nadie. Quiere ser él mismo. El toro tendrá la última palabra.