ENTREVISTAS
Samuel Navalón: “Estoy dispuesto a sufrir una cogida”
Diez días después de una violenta cogida sufrida en Santander que le ocasionó un coágulo en el pulmón, Samuel Navalón reaparecía en Azpeitia adelantándose a los plazos de recuperación aconsejados por los médicos. El torero de Ayora acababa de ser designado triunfador de la Feria de Julio de Valencia tras protagonizar una tarde de disposición total, de entrega absoluta, de compromiso indiscutible; una actuación que se saldó con varias volteretas y con tres orejas que premiaban sus agallas, su torería y su abandono al toreo y al destino. A la espera de que salga el toro que le permita expresarse y mostrar el torero que es y que quiere ser, su consigna parece ser triunfar sí o sí.
Los médicos te aconsejaron estar dos semanas de reposo y has reaparecido en 10 días.
Muchas veces los toreros adelantamos los plazos por el ansia de volver a vestirnos de luces. Lo importante es que, a pesar de que tengo molestias en la zona del pecho, me encuentro bien. Justo una semana después del percance fui retomando mis entrenamientos poquito a poco con el deseo de regresar, y conseguí hacerlo antes de lo previsto.
Fue el jueves 30 de julio en una sustitución en Azpeitia, y el sábado 1 de agosto toreaste en Saint Vincent de Tyrosse. ¿Llegabas bien recuperado?
Era mi ilusión reaparecer. La semana anterior fue una locura. Hubo una ocasión que intenté entrenar y me dolía tanto que tuve que parar. El lunes 27 fue el primer día que volví a torear de salón, con bastantes dolores, pero vi que podía y, aunque ligeramente limitado, me decidí a aceptar la sustitución. Por fortuna, tanto en Azpeitia como en Saint Vincent de Tyrosse, se dieron las cosas bien y acabé sumando dos nuevos triunfos.
En Santander te había cogido un toro de La Quinta. ¿Era la primera vez que toreabas este encaste?
Sí, era la primera corrida que mataba de La Quinta. La cogida vino en un momento en el que la faena al segundo toro ya estaba hecha. Fue en un final por bernadinas, que además me salió bien y las pude encadenar con el pase de pecho. Pero al rematar me quise quedar para hacer un desplate, y la verdad que el toro no tenía la entrega para respetar ese sitio. Se me vino y no me dio tiempo a ponerle la muleta.
Del primero te pidieron las dos orejas.
Fue una de las tardes más bonitas de mi temporada. La verdad que las embestidas de los toros de La Quinta no son fáciles porque tienen muchos matices, pero son embestidas especiales y pude disfrutar muchísimo con ambos toros.
Venías de Valencia, donde pareces abonado al éxito, primero en la feria la Fallas y luego en la de Julio. ¿Cuál ha sido el nexo común entre los dos triunfos?
Desde que comencé, la entrega ha sido la base fundamental de mi manera de entender el toreo. Considero que cuando uno está delante del toro tiene que estar dispuesto a entregarlo todo, y ahí es cuando yo siento que puedo alcanzar mi mayor dimensión. Hasta el momento la temporada está siendo muy bonita. Ha habido muchas tardes en las que por fortuna ha llegado el triunfo, también alguna en la que se me ha escapado por la espada, pero de todas hago una evaluación positiva. Creo que está siendo una temporada en ascenso, en la que estoy creciendo y en la que cada tarde pretendo aprovechar al máximo todas las oportunidades.
Hasta el momento han sido 12 festejos con nueve puertas grandes.
Estoy disfrutando mucho de mi corta carrera, quizás más que nunca. Saboreando todos los momentos, ya no sólo de cada tarde en la que toreo, sino en el día a día, en mi preparación, en mi puesta a punto y, por supuesto, en cada actuación tratando de alegrarme al máximo de cada paseíllo.
Volviendo a la Feria de Julio, te llevaste varias volteretas. ¿En algún momento un torero desea ser cogido?
Desearlo no, pero sí que está dispuesto a ello. Por supuesto que a uno no le gusta que le cojan los toros, porque se pasa muchísimo miedo. Además los dos toros de Valencia fueron muy serios, muy colocados, muy finos, y cada vez que me cogían estaba temiendo la cornada. Gracias a Dios no llegó. Yo no lo deseaba, pero sí que sabía que ambos toros me podían herir. No fueron fáciles para el torero porque no permitían relajarse, expresarse y disfrutar el toreo, pero es verdad que los dos transmitieron mucho porque todo lo que se les hacía tenía importancia por la dificultad que tenían.
Lo que permitieron fue demostrar que cuando uno sale tan predispuesto como tú, a veces la condición del toro queda en un segundo plano.
Entre toreros se habla mucho de que, en ciertas tardes, hay que triunfar por lo civil o por lo criminal, y eso fue una cosa que yo tuve en mi mente ese día. Era una tarde importantísima para mí, en la que me responsabilizaba, que me comprometía mucho y en la que sabía que no me iba a dejar nada, que por mi parte no iba a quedar, y creo que así acabó siendo.
Mi vecino de localidad, cuando al principio de tu segunda faena se vio claramente que el toro no servía, que te iba a coger, dijo que no tenía ningún sentido seguir y que lo deberías matar. Y acabaste cortándole las dos orejas.
A uno le da mucho gusto cortar las orejas, pero por encima de todo para mí quedan las sensaciones, y la mía, como decía, fue que me entregué completamente, y eso es lo que hace sentir satisfacción. Llegué al hotel vacío, dolorido, pero llegué satisfecho, pleno, porque soñaba con ese triunfo en Valencia. Estoy convencido de que llegará ese toro que me permitirá expresarme y mostrar también el torero que soy y que quiero ser.