ENTREVISTAS
Cid de María :"Estoy tranquilo y listo para el sueño de toda una vida"
El próximo 29 de agosto, la plaza de toros de Sacedón vestirá sus mejores galas para ser testigo de un rito sagrado: el alumbramiento de un nuevo matador de toros. Tras una intensa y curtida etapa de 57 novilladas con picadores en el escalafón menor —donde no ha rehuido la dureza de los hierros ni la seriedad de los compromisos—, Cid de María asume por fin el peso de la púrpura en su propia tierra, en el corazón de la provincia de Guadalajara.
Para una efeméride de semejante calado, el cartel rezuma categoría: actuará como padrino la figura indiscutible de Sebastián Castella, y como testigo el toreo templado de Ginés Marín, frente a un encierro de Salvador Gavira García. A escasas horas de romper el paseíllo más decisivo de su trayectoria, el joven diestro alcarreño desgrana con serenidad, hondura y templanza los sentimientos que le embargan ante el día que marcará el antes y el después de su vida torera.
El 29 de agosto, Sacedón se erige como el epicentro de tu propia historia. Se acaba el tiempo del rodaje para abrazar por fin el peso de la púrpura. ¿Cómo se vela la túnica en estas últimas noches de desvelo frente a la inminencia del doctorado?
La verdad es que con mucha tranquilidad. Me siento plenamente preparado para dar el paso; es lo que llevo soñando toda mi vida.
En la liturgia de la alternativa, los galones son innegociables. Un figurón de la talla de Sebastián Castella oficia de padrino, y Ginés Marín, torero de cante grande, de testigo. ¿Qué impone más al liarse el capote de paseo: el respeto a dos colosos de esta dimensión o la ambición indomable de no dejarse ganar la pelea en una tarde soñada?
Pues qué voy a decir de estos dos grandes toreros... El maestro Sebastián ha sido un referente para mí desde que empecé y le tengo una profunda admiración, y el maestro Ginés es un grandioso torero. Pero ese día quiero escribir mi propia historia y lograr que se hable de Cid de María.
Para oficiar la ceremonia de la investidura, se anuncia una corrida de Salvador Gavira García. Una sangre noble y un encaste que exige pureza y temple en los vuelos. ¿Qué esperas encontrar en las embestidas de este hierro para que tu toreo fluya con la hondura que demanda la cita?
La verdad es que es una ganadería que he ido conociendo poco a poco. Es cierto que no la he toreado mucho, pero atesora grandes toros en su historia y creo que su embestida puede encajar perfectamente con mi concepto del toreo.
Cierras un capítulo de fragua en el escalafón menor, una travesía áspera que nunca está exenta de sangre, sudor y criba. Si echamos la vista atrás, al retrovisor del esfuerzo andado, ¿cuál ha sido el peaje más duro y la tarde que cinceló definitivamente al torero que está a punto de doctorarse?
Por suerte ha habido muchas tardes. He matado novilladas muy serias, tanto en ferias como en pueblos, que eran auténticas corridas de toros. Al ver que andaba firme y bien con ellas, fue cuando sentí que era el momento de dar el salto y pensar en la alternativa. En estos tres años he acumulado un balance de 57 novilladas picadas.
Sacedón pasará a ser esa coordenada sagrada en la geografía de tu vida. El albero donde tu nombre quedará inscrito para siempre en el escalafón mayor. ¿Qué atmósfera romántica intuyes que respirará la plaza cuando rompa el paseíllo bajo el cielo de agosto?
Me hace una ilusión muy especial que la alternativa sea en la provincia de Guadalajara. Aquí empezó absolutamente todo desde el primer día que quise ser torero, y en los tendidos estarán las mismas personas que me vieron debutar sin picadores. Va a ser una tarde sumamente emotiva que ninguno de nosotros olvidará jamás.
Se descorre el telón de la verdad suprema y la exigencia del toro cuajado ya no admite coartadas. A partir del último tercio de ese primer astado, ¿cuál es el fondo y la forma, el trazo exacto del Cid de María que aspira a conquistar el circuito de las grandes ferias?
Aunque pueda sonar a tópico, te diría que mi meta es entregarme por completo en cada tarde y ser diferente a los demás.
En el silencio reverencial que precede al momento de tomar los trastos, cuando Castella te ceda la muleta y la espada, el alma siempre viaja. En ese instante supremo, ¿a quién irá dirigida esa mirada furtiva al cielo o al callejón?
Pensaré muchísimo en mi abuelo, que nos dejó hace poco tiempo y se fue al cielo sin poder verme convertido en matador de toros. Ese primer toro va por él y, por supuesto, por todos los que han estado a mi lado acompañándome y apoyándome día y noche.
Para el buen aficionado, asistir al alumbramiento de un nuevo matador de toros guarda un romanticismo inigualable. ¿Qué le dice Cid de María a ese partidario que aguarda la fecha para ocupar su localidad en Sacedón y ser testigo directo de su historia?
Que no se lo piense dos veces. Van a ver a un nuevo matador de toros que, si Dios quiere, va a luchar con todo para abrirse paso y estar en las grandes ferias.