GALLEANDO

Marco Pérez, por Dios, que no se malogre

miércoles, 10 de noviembre de 2021 · 08:53

Los niños siempre han tenido un buen aliado en la fantasía. Este, además, tuvo un fantástico sueño que nada tuvo que ver con las utopías de la infancia. Le iba y le venía mientras jugaba al toro para hacer realidad una historia cercana a su vida y a sus inquietudes. Y a este chiquillo aún, con sólo 14 años recién cumplidos, se le ha ocurrido contagiar su ilusión y empezar a hacer realidad el sueño de su niñez con demostrada eficacia.

Su asombrosa forma de hacer y sentir el toreo, transformándolo en sensibilidad y emoción, ha corrido como la pólvora a través de videos divulgados por las redes sociales, haciéndole interprete de un impactante concepto. La fascinación que su tauromaquia despierta ha calado en miles de aficionados que, de inmediato, percibieron la realidad inquietante de un niño que traspasaba los límites del valor envalentonado con un concepto del toreo de persistente seducción.

Y este niño, revelador de las más puras formas de torear, quiere empezar a caminar, firme y seguro, en busca de una pasión. Quiere volar mecido por el aire para que lo lleve a lo más alto de la cúspide del toreo. Este chiquillo salmantino, alumno destacado de la Escuela Taurina de Salamanca, con contribuciones extraordinarias para hacer fácil lo difícil, porque su tauromaquia está impregnada de pasajes relacionados con un asombroso talento, un valor inconmensurable y una ambición cara y determinante, va a estoquear su primer novillo en público el próximo día 21 de noviembre en Lima.

Allí, en la taurina capital de Perú, tendrán el privilegio de sentir su toreo. De paladear su tauromaquia atraídos no tanto por la sorpresa sino por la belleza y contundencia de una unas formas que le han de llevar a la búsqueda del máximo logro en inmediato futuro.

Marco Pérez comenzará a crear el tejido de la continuidad lejos de aquí. Incidirá en su aspecto imaginativo y expresará su inspirado concepto. Lo mezclará con la ilusión de ser un torero importante que le haga penetrar en este atrayente, aunque difícil, mundo del toro dejándose llevar por el sentimiento que le hace capaz de sugerir incontables secuencias emocionales. Que sea por mucho tiempo. Y, por Dios, que no se malogre.

  

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